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Con dolor y esperanza cristiana, despedimos a los PP. Vicente Elío Urra († 4-4-2020) y Pedro Santos Sangüesa († 1-4-2020), M.SS.CC.
 

E l P. Vicente Elío Urra nació en Artajona (Navarra) el 27 de septiembre de 1928, hijo de los guardeses de la ermita del pueblo, dedicada a la Virgen de Jerusalén. Su vida, por tanto, desde pequeño siempre estuvo ligada a la fe cristiana. Cuando la Congregación de los Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús y María se hizo cargo del cuidado de la ermita en 1936, se produjo su acercamiento natural al camino que iluminaría el resto de su vida.

El 8 de septiembre de 1946 realizó sus primeros votos en la Congregación, en la que fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1953.

Inmediatamente, fue trasladado a la Escolanía del Monasterio de Lluc, ejerciendo como preceptor entre 1953 y 1954.

De allí pasó a Barcelona, donde contribuyó muy especialmente con todo su esfuerzo al Colegio Mare de Deu del Coll, como profesor y también dedicado a la catequesis parroquial.

En 1957 fue destinado a Cuba, donde llevó a cabo su ministerio hasta el 10 de mayo de 1961, en que, por las circunstancias políticas de la Revolución Cubana, fue expulsado de la isla con el resto de compañeros de la Congregación.

Recaló en el Colegio Obispo Perelló de Madrid el 13 de mayo de 1961, en el que ejerció su vocación hasta 1964, en que fue, nuevamente, requerido en Barcelona.

En 1965, volvió a la Escolanía del Monasterio de Lluc, durante tres años.

Finalmente, en 1968, se incorporó de modo definitivo al Colegio Obispo Perelló de Madrid, en el que ha estado dando lo mejor de sí hasta que Dios le ha requerido a su lado, como último destino.

En el Colegio Obispo Perelló fue profesor, tutor, y sobre todo, y por lo que más se le recuerda, el responsable de las Primeras Comuniones hasta los 90 años de edad.

Para toda la Comunidad Educativa, ha sido siempre santo y seña de la identidad del Colegio; siempre desde la humildad y el valor de un misionero entregado en cuerpo y alma a su tarea de servicio a los demás; siempre pendiente y cuidando cada centímetro de su Colegio y sus alumnos; siempre recibiendo a los pequeños a la entrada, cerrando puertas de pasillos para que no se escapara el calor, cuidando de sus plantas, siempre dispuesto a ayudar a todos y cada uno de los miembros de esta su familia; el primero que aparecía en el Colegio y el que nunca descansaba, y lo cuidaba cuando el resto se iba de vacaciones... Por eso, de forma espontánea y como reconocimiento a quien todo lo dio y nunca pidió nada a cambio, desde su partida, como por encanto, la puerta del Colegio ha comenzado a llenarse de recuerdos con los que personas agradecidas le rinden su particular homenaje.

Su huella permanece indeleble en generaciones y generaciones de alumnos que, desde los más veteranos a los actuales, viven estos días la enorme tristeza de haber perdido un maestro, un misionero ejemplar, un hombre humilde, sincero, leal y de bien, pero sobre todo, un amigo.


D. Pedro Jesús Hernández, Director del COP.

 


 

En la mañana del miércoles día 1º de abril fallecía Pedro en la clínica S. Miguel de la capital navarra (Pamplona) a consecuencia del coronavirus. Ante la situación de alarma actual debido a la pandemia, el sábado día 3, en presencia de la comunidad de Artajona, fueron depositadas sus cenizas en el panteón parroquial junto a otros congregantes fallecidos.

Pedro había nacido en Ablitas (Navarra) un 23 de marzo de1941. Decía que los agricultores de su pueblo tenían un brazo más largo que otro y que extendían para sentir la lluvia que muy escasamente caía sobre sus tierras.

Fue vocación de una memorable Misión Popular predicada en su pueblo por los PP. Bartolomé Mateu y Guillermo Amengual.

Su ministerio pastoral lo había iniciado y desarrollado durante varios años en el Colegio Obispo Perelló de Madrid. Posteriormente, y tras dos años en la comunidad de Valencia, como Superior y profesor del colegio San Pedro Pascual, fue destinado a la Delegación del Caribe, República Dominicana, donde ejerció su vida misionera durante seis años. En sus pocos años de estancia en Roma combinó estudios pastorales con su tarea en la parroquia Sant Andrea.

Tras su regreso definitivo a España será nombrado como primer párroco de la Congregación en Navarra (Ansoáin) en 1990 y seis años después su último destino Artajona, como párroco durante dieciocho años.

En su pastoral había mucha querencia con la infancia en sus catequesis y eucaristías dinámicas y creativas; imágenes y lenguaje acorde y en las que no disimulaba su sus colores deportivos. Muy conversador y cercano a la gente.

Pedro era de un carácter alegre y jovial, talante de “ribero salau”, despistado y olvidadizo. No había doblez en su vida, pensaba en voz alta. Poseía cualidades para la literatura y la pintura. Sus tareas artísticas en el Escolasticado de Lluc son recordadas en aquel hogar navideño. Era más dado a la lectura de libros de literatura que a la filosofía o teología.

Su última etapa estuvo muy condicionada por el estado de salud, y pese a todo, siguió ayudando pastoralmente al párroco del pueblo.

Finalmente emprendió el camino en el que se perfilaba ya la sombra de la cruz en el pórtico de la Semana Santa. Hoy, su comunidad vive con la esperanza de cantar el himno de una victoria que nos mantenga ante el Padre como hijos amados y unidos a los Sagrados Corazones como miembros “atraíd@os y enviad@os por un Dios con corazón”.


P. Dionisio Echarte, M.SS.CC.


1 Comment

  1. Quiero dar las gracias a Dios or el Padre D.Vicente Elio, santo para mi y sera Grande en el Cielo.!! Mayla de Barbeito

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