La pandemia desde nuestra Espiritualidad

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Compartimos en nombre del P. Visitador General, Antonio Fernández, unas líneas que nos invitan a reflexionar en torno al tema que hoy nos ocupa: 'La pandemia desde nuestra espiritualidad y el tiempo de cuarentena para el discernimiento postcapitular'.
 

E stamos viviendo un momento muy intenso y que se ha convertido en el desafío que ocupa nuestras vidas. El confinamiento para detener la propagación del virus infeccioso nos pone a prueba y adquiere valor desde las referencias que nos identifican y conforman, desde nuestros referentes misioneros y sacricordianos, concretando nuestro aporte de oración y solidaridad en un mundo sensibilizado con los más vulnerables.

Nos encontramos inmersos en una nueva era digital y viral. La interrelación del planeta en su conjunto, se plasma en la rapidez no sólo de la extensión de una infección, por las comunicaciones terrestres y aéreas, sino de la inmediatez en la información por las redes de comunicación, y en la reacción colectiva con una capacidad de respuesta enorme.

Esta circunstancia colectiva nos pone ante un nuevo e inesperado aprendizaje, nos llega sin experiencias previas, pero no sin recursos: La riqueza de nuestra espiritualidad pone a la Persona de Jesús y contemplándolo a Él, a cada persona (pequeña, joven, adulta o mayor) en el centro de nuestra mirada.

Todos los valores de la espiritualidad son ahora hechos y no palabras en todo aquello que congregantes y laicos/as de todos los ámbitos, estáis haciendo para salir adelante. En cada comunidad y en cada hogar.

La referencia y contemplación de los Sagrados Corazones nos hace transcender la corporalidad, y nos abre la mirada al Espíritu a la chispa de luminosidad transcendente que toda persona tiene. Queremos vivir y compartir la salud de cuerpo y de espíritu, viviendo una opción preferente por los débiles de la tierra, por los traspasados.

Una palabra especial a “nuestros mayores”, los más vulnerables a esta epidemia, para que se sientan protegidos sanitaria afectiva y espiritualmente. Fortalecidos por la actitud de protección especial que esta sociedad moderna les dispensa, y podamos celebrar este sentir com-pasivo, de con-cordia, de sentimiento común de protección de todos y todas, con nuestros mayores.

En este día encomendamos al P Jesús Deán fallecido en la Casa de Palma, que nos inspira con su vida dedicada a la misión, su fidelidad y piedad. Y también encomendamos a las víctimas de la pandemia. Nuestra oración por Enrique Fernández Carvajal, Tesorero de Fundación Concordia en la Delegación de Madrid, recientemente fallecido.

Convencidos de la importancia de los valores y virtudes vividas, conviene hacer lo posible por sacar ventaja de una situación desfavorable. Comprometiéndonos en crecer personalmente por encima de los intereses materiales y viviendo la paradoja de no poder acudir cómo acudió el P. Joaquím a los afectados por una epidemia, sino que por medidas sanitarias tengamos que protegerlos-protegiéndonos, para no contagiarnos, y protegernos a nosotros mismos de los efectos secundarios de la desesperanza y el descorazonamiento.

La Cuaresma y la cuarentena es un espacio de desierto, que podemos aprovechar. Os animo con convicción, a que además de cuidar y cuidarnos, trabajemos en el proyecto del Postcapítulo General. Que aprovechemos los medios para reflexionar individualmente y teletrabajar en las LÍNEAS DE ACCIÓN y ACCIONES de futuro. El confinamiento obligado lo hemos de aprovechar como espacio para la creatividad. No retrasemos el discernimiento que nos pidió el XX CAPÍTULO. Que las dificultades del presente las superemos ocupados en el día después a la epidemia; en hacer proyectos para las Comunidades, Delegaciones, y ámbitos de Centros Educativos y Misión Solidaria; y en proteger a los vulnerables en tantos ambientes.

Ánimo y coraje. Encomendamos a los Sagrados Corazones de Jesús y de María nuestras incertidumbres, dolores y esperanzas, para que nos iluminen y conforten en esta prueba de tanta magnitud.

Fraternalmente.

P. Antonio Fernández Cano, M.SS.CC. / Visitador General.

 

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