NUESTRO CARISMA

El rostro de la Congregación


Nuestros carismas tienen una doble raíz: La primera, la que nos lleva a amar apasionadamente a Jesús simbolizado en su corazón. Nuestro icono, la cruz del calvario en la cual Jesús muestra la herida del corazón. Junto a Él, su Madre, María, de pie y también con el corazón traspasado por una espada de dolor, tal como lo profetizó el viejo Simeón. La segunda raíz nos empuja a contagiar este sentimiento a nuestros prójimos. Y a que ellos, como nosotros, lo traduzcamos en obras.

L a doble raíz del carisma se expande en numerosas ramas. Hay misioneros que andan sujetos al horario de un colegio como quien se sujeta al surco de la tierra de sol a sol. Otros estimulan sus afanes creativos y generosos a fin de que la siembra —la predicación, la dirección espiritual, la promoción— no se eche a perder por falta de credibilidad.


Un ministerio que la Congregación cultivó con fervor en sus primeros años y que hoy trata de rescatar, adecuándolo a los tiempos y circunstancias, es el de las misiones populares. Otro tanto cabría decir de los ejercicios espirituales, particularmente al clero y religiosas.

Luego se han asumido numerosas parroquias. Las circunstancias han propiciado que éste sea hoy día el ministerio más común entre los congregantes. Aunque no faltan voces que desearían revisar a fondo este hecho.


La enseñanza en los Colegios ha ocupado a un número notable de congregantes. Debido a la falta de personal joven en España escasean las vocaciones para este ministerio. Se está buscando la manera de que prosigan los ideales cristianos y congregacionales incorporando a laicos amigos, confiables y competentes.


Los seminarios y la enseñanza de la teología han sido objeto del trabajo realizado por varios congregantes, aunque también haya declinado la tarea en los últimos años.

 
'Es preciso moverse y salir del desierto para trabajar en la llanura'
Obispo Cervera